Barcel transforma la personalización en las tienditas de la esquina con catrinas diseñadas para sus clientes

La personalización ha dejado de ser un privilegio exclusivo de las grandes plataformas digitales y cadenas de tiendas, y ahora se ha convertido en una tendencia viral en el comercio tradicional mexicano. Barcel ha encontrado una manera innovadora de integrar esta estrategia en las tienditas de la esquina, mediante una activación especial para el Día de Muertos que convierte a estos pequeños comercios en parte de la experiencia de marca, utilizando catrinas diseñadas específicamente para sus clientes.

Esta propuesta destaca por su enfoque en el punto de venta, alejándose del modelo convencional que requiere que el consumidor acceda a una plataforma digital para personalizar un producto. En lugar de ello, la marca lleva la experiencia directamente al lugar de compra, utilizando uno de los símbolos más emblemáticos de la cultura mexicana para fomentar una interacción más cercana y significativa con los consumidores.

La estrategia de Barcel también se beneficia de la relevancia cultural del Día de Muertos, una fecha que ofrece un vasto potencial para las marcas al utilizar códigos visuales reconocibles por los consumidores. Sin embargo, el verdadero desafío radica en evitar que las campañas se vuelvan repetitivas al recurrir a los mismos elementos visuales, como calaveras, flores de cempasúchil y altares.

Se estima que la derrama económica por el Día de Muertos alcanzará los 49 mil 500 millones de pesos en 2025, lo que representa un incremento del 9.2 por ciento respecto a los 45 mil 318 millones de pesos de 2024, según datos de la CONCANACO SERVYTUR.

El punto de venta en México tiene un papel crucial, ya que los hogares mexicanos visitan en promedio 22 canales de compra al año, seis más que antes de la pandemia, según información de Worldpanel by Numerator. Esta diversificación ha intensificado la competencia por captar la atención del consumidor, obligando a las marcas a crear experiencias relevantes en cada espacio de compra.

El canal tradicional, que alcanza a más del 95 por ciento de los hogares mexicanos y representa una parte significativa de las ventas de consumo, se convierte en un escenario ideal para iniciativas como la de Barcel. La marca logra generar interacción sin necesidad de trasladar la experiencia a un entorno aspiracional, sino en el contexto cotidiano de las decisiones de compra.

Además, la cercanía es un factor determinante para el shopper mexicano. Un estudio de Kantar revela que el 56 por ciento de los hogares considera la tienda de la esquina como una opción viable para sus compras, lo que resalta la importancia de este formato en los hábitos de consumo.

La personalización se ha consolidado como una expectativa creciente entre los consumidores. Un informe de KPMG México indica que las interacciones personalizadas, intuitivas y proactivas son cada vez más relevantes en la experiencia del cliente, y que la personalización influye de manera significativa en la lealtad y la recomendación de marcas.

El reto consiste en trasladar esta expectativa a categorías de consumo masivo, donde el contacto con la marca es breve y está determinado por factores como precio, disponibilidad y conveniencia. En este contexto, la iniciativa de Barcel se vuelve particularmente interesante. La personalización no necesita ser una plataforma tecnológica compleja; puede manifestarse en una pieza visual que haga sentir al consumidor reconocido en su entorno cotidiano.

Datos de Worldpanel by Numerator muestran que el ticket promedio creció un 16.1 por ciento y las unidades por acto aumentaron un 9.7 por ciento en el primer trimestre de 2025, mientras los consumidores ajustaron sus recorridos de compra en busca de valor y conveniencia. En un mercado donde los consumidores comparan precios, canales y marcas con mayor frecuencia, ofrecer una experiencia diferenciada puede ser un elemento adicional que fomente el reconocimiento de la marca. Aunque no sustituye la importancia del precio y la disponibilidad, añade una dimensión emocional que puede ser decisiva en la elección del consumidor.