Fotografía: un pasaporte para combatir el miedo; Medalla al Mérito Fotográfico 2026
La fotografía ha sido para Gilberto Chen Charpentier un pasaporte que le ha permitido explorar diversos lugares y enfrentar sus propios miedos. “Cuando tomo la cámara siento que me da cierta protección, me desconecta de la realidad y me introduce en un visor que me protege de manera inconsciente”, comparte el reconocido fotógrafo mexicano, quien será galardonado con la Medalla al Mérito Fotográfico 2026 el próximo 23 de octubre.
Este prestigioso reconocimiento celebra su trayectoria, que comenzó a finales de los años 70, abarcando una amplia gama de temas que incluyen la vida cotidiana en barrios y plazas, la pintura mural callejera, los salones de baile y una serie de autorretratos que dieron vida al proyecto “Testimonio de una curación”. Este proyecto documentó su lucha contra el cáncer, lo que le valió el premio en la VI Bienal de Fotografía en 1993.
Chen recuerda el momento en que comenzó a sentir dolores en el pecho y el brazo izquierdo en 1991, lo que lo llevó a buscar atención médica. Tras diversas pruebas, se le diagnosticó un tumor en el mediastino, entre los pulmones y el diafragma. “Lo primero que pensé fue: ‘Si soy fotógrafo, ¿qué tengo que hacer?’ Era una oportunidad que me ponía la vida y, como fotógrafo, tenía que actuar. Si la vida te presenta un evento histórico, no puedes quedarte solo mirando”, reflexiona el artista visual, quien también presentará su libro “Contra viento y marea” el 14 de octubre en el Museo Archivo de la Fotografía.
Al enfrentarse a su diagnóstico, Chen comenzó a explorar su situación a través de la fotografía. “Miré aquel montón de radiografías, tomografías y resonancias y descubrí en aquel material una base fotográfica. La radiografía es una fotografía de los huesos en negativo. Así nació ‘Testimonio de una curación’, que ya he expuesto en el Festival Internacional Cervantino y en el Museo de la Medicina”, explica.
El proceso de quimioterapia fue un desafío, pero Chen encontró la manera de continuar creando. “Obviamente, no tenía mucha energía, pero había momentos en que ponía la cámara y buscaba una buena luz. En aquel entonces no había autofoco ni pantallita para ver el encuadre; había que calcular, medir y pensar”, añade.
Antes de enfrentar esta dura etapa, Chen recuerda sus inicios en la fotografía, desde su primer contacto con el cuarto oscuro en la preparatoria hasta sus colaboraciones en la revista “Deporte Color”, que le permitieron adquirir su propio equipo. Su carrera despegó cuando lo contrataron para cubrir la sexta edición del Festival Internacional Cervantino. “Recuerdo que me incomodaba el clic de la cámara en las funciones de teatro y música, ya que sentía que era una falta de respeto hacia los artistas”, menciona.
Fue así como descubrió que la cámara Leica era la más silenciosa, pero al no poder comprarla, utilizaba suéteres y toallas para amortiguar el sonido y pasar desapercibido. Su curiosidad lo llevó a investigar fotográficamente los salones de baile entre 1982 y 1990, un mundo que capturó su atención por la forma en que la gente se reunía para divertirse y disfrutar de la música.
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