No existe tal cosa como una "cultura preparada para la IA"

La transformación hacia la inteligencia artificial (IA) está ocurriendo en las empresas a un ritmo significativamente más acelerado que la evolución de sus culturas organizacionales. Un notable 86 por ciento de los empleadores anticipa que la IA cambiará de manera fundamental sus modelos de negocio para el año 2030. Sin embargo, muchas de estas organizaciones fueron diseñadas en un contexto donde la información era limitada, la experiencia se acumulaba lentamente y la previsibilidad, junto con una jerarquía bien definida, dictaba las decisiones. Este desajuste genera frustración entre los líderes, ya que la tecnología puede evolucionar en cuestión de semanas, pero los cambios en comportamientos, normas y métodos de trabajo necesarios para aprovechar su potencial pueden requerir mucho más tiempo.

La pregunta clave es: ¿qué tipo de cultura permite a una organización adaptarse y evolucionar a medida que la IA redefine las exigencias del negocio?

Inicialmente, se buscó establecer el perfil de una "cultura preparada para la IA". Sin embargo, tras un análisis exhaustivo de datos sobre cultura organizacional y entrevistas con directores de recursos humanos y líderes culturales, se llegó a una conclusión reveladora: no existe tal cosa como una cultura preparada para la IA. La noción de "preparación" implica un destino fijo, mientras que la IA está en constante transformación, alterando continuamente ese destino.

Lo que realmente necesitan las organizaciones es una cultura de adaptabilidad, es decir, la capacidad de ajustarse a las evoluciones en estrategia, tecnología y formas de trabajo. Esto no implica un cambio constante ni una cultura donde todas las normas sean negociables. Un exceso de cambios puede provocar una conmoción cultural, mientras que la falta de ellos puede dejar a la organización incapaz de responder a nuevas realidades. Las organizaciones adaptables logran equilibrar la "ejecución" (gestionar el negocio de manera confiable en el presente) con la "transformación" (modificar el negocio para el futuro). Además, desarrollan el criterio necesario para discernir qué enfoque es adecuado en cada momento.

El desafío radica en que la mayoría de las organizaciones están mejor diseñadas para operar que para transformarse. La investigación muestra que atributos críticos para la transformación, como la velocidad, la agilidad y la orientación a la acción, son algunos de los menos característicos de las organizaciones actuales.

Entonces, ¿qué factores amplían la capacidad de adaptación de una organización? Al analizar la evidencia, emergieron cinco patrones de comportamiento recurrentes que son fundamentales.

De la actividad al impacto

Los líderes suelen celebrar los proyectos piloto, las licencias obtenidas y la finalización de capacitaciones, ya que son métricas fáciles de cuantificar. Sin embargo, estas medidas pueden generar una falsa sensación de progreso: los empleados parecen estar ocupados con la IA, mientras que el trabajo, el modelo operativo y las fuentes de valor permanecen prácticamente inalterados. La verdadera prueba de la adaptabilidad no radica en si los empleados utilizan la IA, sino en cómo la IA transforma la manera en que se realiza el trabajo: la rapidez en la toma de decisiones, la disposición a experimentar y la efectividad en convertir oportunidades en resultados tangibles.

En el caso de una empresa farmacéutica, el seguimiento de la adopción de la IA se centraba en el uso, convirtiendo esta actividad en la definición implícita del éxito. Se propuso un cambio hacia las etapas iniciales del proceso, integrando la intervención en su sistema de gestión del talento. Se evaluó a más de 500 ejecutivos de alto nivel según un perfil de liderazgo adaptado a la IA, redefiniendo así los criterios de éxito y alineando la cultura organizacional con las exigencias del futuro.