Torre Eiffel: historia, curiosidades y consejos para visitarla

En el verano de 1884, los ingenieros Koechlin y Nouguier, de la empresa de Gustave Eiffel, presentaron un diseño innovador que consistía en un monumental pilón de cuatro columnas entrelazadas por vigas de celosía, con la ambición de alcanzar los 1,000 pies de altura. El 18 de septiembre de ese mismo año, Eiffel registró una patente que revolucionaría la construcción, permitiendo la edificación de soportes y pilones metálicos capaces de superar los 300 metros.

Para ganar el apoyo de una opinión pública inicialmente escéptica, Koechlin y Nouguier invitaron al arquitecto Stephen Sauvestre a diseñar el aspecto exterior de la estructura. Su propuesta incluía pedestales de piedra para las bases, arcos monumentales que unían las columnas con el primer nivel, grandes salones acristalados en cada piso y detalles ornamentales. Aunque el diseño final se simplificó, se conservaron los arcos que confieren a la torre su distintiva apariencia, y la curvatura fue meticulosamente calculada para resistir los vientos de París.

La construcción comenzó el 1 de julio de 1887 y se completó en un tiempo récord de veintidós meses. En los talleres de Eiffel en Levallois-Perret, se fabricaron individualmente 18,000 piezas con un margen de error inferior a una décima de milímetro, que luego fueron ensambladas en secciones de cinco metros antes de ser elevadas.

Más de un siglo después de que las luces de la Torre Eiffel se encendieran por primera vez, cerca de 300 millones de viajeros de todo el mundo la han visitado, confirmando que esta estructura, que originalmente debía ser efímera y durar solo 20 años tras la celebración del centenario de la Revolución Francesa, se ha convertido en un ícono que catapulta el atractivo turístico de la capital francesa.

Entre las curiosidades que rodean a la Torre Eiffel, destaca el hecho de que al principio, renombrados creativos y arquitectos se opusieron a su construcción, llegando a firmar una petición en contra del proyecto al calificarlo de “inútil” y “monstruoso”.

Además, Gustave Eiffel incluyó un apartamento secreto en la cima de la torre, al que solo él tenía acceso. Aunque recibía ofertas generosas para pasar una noche en ese sorprendente ático, siempre se negaba a ello.

En cuanto al color de la Torre Eiffel, en 1889 fue pintada brevemente de amarillo, y entre 1954 y 1961, adoptó un tono marrón rojizo. Ese mismo año, el periódico francés Le Figaro instaló una imprenta en el segundo piso de la torre, sumando un capítulo más a la fascinante historia de este emblemático monumento.

Visitar la Torre Eiffel es una experiencia que trasciende el simple acto de ver una obra arquitectónica; es adentrarse en un símbolo de innovación y resistencia que sigue inspirando a generaciones.