Mercados globales resienten ventas en acciones tecnológicas
La presión sobre la inteligencia artificial impacta índices bursátiles
Wall Street terminó la semana con números rojos, principalmente por una oleada de ventas en acciones relacionadas con la inteligencia artificial. Esta tendencia negativa marcó la primera semana de pérdidas para el S&P 500 en tres semanas, afectando también al Dow Jones y al Nasdaq. Las acciones de empresas de…

Wall Street terminó la semana con números rojos, principalmente por una oleada de ventas en acciones relacionadas con la inteligencia artificial. Esta tendencia negativa marcó la primera semana de pérdidas para el S&P 500 en tres semanas, afectando también al Dow Jones y al Nasdaq. Las acciones de empresas de semiconductores y otras vinculadas a la tecnología enfrentaron una notable presión, con el índice de semiconductores de la Bolsa de Filadelfia registrando su mayor caída semanal en más de un año, lo que evidenció la preocupación sobre la sostenibilidad de sus valoraciones.
El descenso en los mercados no se limitó a Estados Unidos. En Asia, las bolsas también registraron retrocesos significativos, con el índice de Taipéi cayendo un 6,5%, Tokio un 4% y Shanghái un 3%. La presentación del modelo de inteligencia artificial Kimi K3 por la startup china Moonshot intensificó la presión sobre el sector, generando inquietudes sobre la demanda futura de chips y componentes tecnológicos. Este nuevo competidor, de bajo costo, podría alterar el panorama para los grandes modelos occidentales, afectando sus expectativas de crecimiento.
El impacto de estas fluctuaciones se vio reflejado en los resultados trimestrales de algunas compañías. Netflix, por ejemplo, experimentó una caída significativa después de que sus ingresos no alcanzaran las expectativas del mercado. Este tipo de decepciones en los resultados financieros refuerza la incertidumbre en torno al rendimiento futuro de las empresas tecnológicas, que han sido motor clave de los mercados en los últimos años. La posibilidad de una desaceleración en el gasto en inteligencia artificial, que actualmente ronda el billón de dólares, comienza a hacerse más tangible frente a los inversionistas, quienes pueden optar por ajustar sus portafolios para mitigar riesgos.


