Certificaciones ambientales transforman edificios industriales
La sostenibilidad se convierte en eje estratégico del sector inmobiliario industrial
Impulsar certificaciones ambientales en el sector inmobiliario industrial es clave para fomentar la sostenibilidad y el valor a largo plazo. En un contexto donde los criterios Ambientales, Social y de Gobernanza (ASG) adquieren relevancia, integrar estándares internacionales como LEED, BOMA BEST y EDGE permite medir y mejorar el desempeño ambiental…

Impulsar certificaciones ambientales en el sector inmobiliario industrial es clave para fomentar la sostenibilidad y el valor a largo plazo. En un contexto donde los criterios Ambientales, Social y de Gobernanza (ASG) adquieren relevancia, integrar estándares internacionales como LEED, BOMA BEST y EDGE permite medir y mejorar el desempeño ambiental de los inmuebles. Estos estándares no solo representan un distintivo de calidad, sino que también ofrecen herramientas para evaluar la eficiencia y promover el uso de materiales sustentables.
Desde el diseño hasta la operación de los edificios, la implementación de certificaciones ambientales asegura que los inmuebles sean más eficientes y menos contaminantes. Por ejemplo, la certificación LEED se enfoca en eficiencia energética, ahorro de agua y reducción de emisiones, lo que resulta en espacios que no solo disminuyen costos operativos, sino que también mejoran el bienestar de sus ocupantes. Además, los programas como BOMA BEST permiten que los edificios en operación consuman menos energía y generen una menor huella de carbono.
La visión integral de certificaciones como EDGE destaca por su enfoque en eficiencia energética y resiliencia ante el cambio climático. Para obtener esta certificación, los inmuebles deben demostrar un ahorro significativo en energía, agua y carbono, y estar preparados para enfrentar fenómenos naturales. Este enfoque no solo beneficia al medio ambiente, sino que también aporta ventajas competitivas a las empresas al alinearse con sus metas de sostenibilidad. La infraestructura industrial del futuro, por tanto, se define por su capacidad de adaptarse y mitigar su impacto ambiental, contribuyendo a un entorno más saludable y eficiente.


