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Conservación segura de alimentos preparados en el hogar

Consejos para evitar riesgos de salud al almacenar comidas cocidas

Guardar sobras en la nevera es una práctica común que ayuda a reducir el desperdicio de alimentos, pero hacerlo incorrectamente puede acarrear riesgos significativos para la salud. En el caso del pollo cocinado, es crucial seguir pautas específicas para evitar intoxicaciones alimentarias. Los expertos en seguridad alimentaria recomiendan refrigerar el

Redaccion 1000N·16/7/2026
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Conservación segura de alimentos preparados en el hogar

Guardar sobras en la nevera es una práctica común que ayuda a reducir el desperdicio de alimentos, pero hacerlo incorrectamente puede acarrear riesgos significativos para la salud. En el caso del pollo cocinado, es crucial seguir pautas específicas para evitar intoxicaciones alimentarias. Los expertos en seguridad alimentaria recomiendan refrigerar el pollo cocido por un periodo de tres a cuatro días. Aunque la cocción elimina muchas bacterias, el enfriamiento incorrecto puede reintroducir microorganismos peligrosos. Uno de los más preocupantes es Listeria monocytogenes, capaz de desarrollarse a temperaturas de refrigeración comunes, de 0 °C a 4 °C, sin que el alimento muestre señales visibles de deterioro. Para una adecuada conservación, el pollo debe refrigerarse antes de dos horas después de la cocción, o una hora en condiciones de alta temperatura ambiente. Almacenarlo en un recipiente hermético previene la contaminación cruzada, y ubicarlo en los estantes inferiores de la nevera asegura una temperatura constante. Si no se planea consumir el pollo dentro de los cuatro días, congelarlo a -18 °C o menos es la opción más segura, deteniendo el crecimiento bacteriano. Sin embargo, para mantener su textura y sabor original, se recomienda consumirlo antes de cuatro meses. Cada tipo de carne tiene un tiempo máximo recomendado en la nevera: el pescado fresco y los mariscos, de uno a dos días; la carne de res y cerdo, de tres a cinco días. Estos plazos pueden variar según la temperatura interna del refrigerador y cómo se manipularon los alimentos antes de su llegada a casa. Aplicar estas recomendaciones es esencial no solo para preservar la calidad de los alimentos, sino también para garantizar la seguridad alimentaria en el hogar.

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