Descubrimientos nocturnos en una villa romana histórica
Un impresionante mosaico y la rica historia de Noheda
Villa Romana de Noheda, situada a solo 18 kilómetros de Cuenca, se destaca como uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de la península ibérica. Enclavada en La Alcarria conquense, cerca de lugares históricos como Segóbriga, Ercávica y Valeria, este sitio atrae tanto a expertos como al público en general…

Villa Romana de Noheda, situada a solo 18 kilómetros de Cuenca, se destaca como uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de la península ibérica. Enclavada en La Alcarria conquense, cerca de lugares históricos como Segóbriga, Ercávica y Valeria, este sitio atrae tanto a expertos como al público en general por su valor histórico y su impresionante mosaico figurativo.
La historia del descubrimiento de Noheda es fascinante. Aunque se conocía la existencia de restos romanos desde tiempos antiguos, fue en 1893 cuando sus mosaicos resurgieron en el interés público. A finales de los años setenta, los arqueólogos comenzaron a reconocer la importancia de los vestigios en la superficie, pero fue en la década de 1980 cuando trabajos agrícolas revelaron parte de un mosaico con figuras humanas. A partir de 2005, una excavación formal permitió estudiar este mosaico en detalle, identificando tres áreas principales: la pars urbana, el complejo termal y la pars rustica.
El Sector A, donde se encuentra la pars urbana, destaca por la Sala Triabsidada, un espacio de 290 metros cuadrados con un mosaico de 231 metros cuadrados. Este mosaico, elaborado en opus vermiculatum, representa mitos clásicos y escenas diversas. Otro descubrimiento significativo fue el Salón de Recepciones, encontrado en 2018, que refleja el poder y la riqueza de la villa en la Antigüedad Tardía. En el Sector B, el balneum o complejo termal ofrece una visión arquitectónica axial-simétrica con diversas salas destinadas a baños de distintas temperaturas. Finalmente, el Sector C muestra la pars rustica, dedicada a actividades agrícolas, complementando así el esplendor del pasado romano en Noheda.


