Videojuegos como herramienta de aprendizaje familiar
Descubriendo conexiones y habilidades a través de experiencias compartidas
Desde hace casi 11 años, compartir la pasión por los videojuegos con su hijo ha sido un anhelo para una familia que ha encontrado en esta actividad un espacio de conexión y aprendizaje mutuo. Lo que comenzó como una observación del niño hacia los juegos de su padre, como Sea…

Desde hace casi 11 años, compartir la pasión por los videojuegos con su hijo ha sido un anhelo para una familia que ha encontrado en esta actividad un espacio de conexión y aprendizaje mutuo. Lo que comenzó como una observación del niño hacia los juegos de su padre, como Sea of Thieves, ha evolucionado hasta convertirse en una actividad donde él toma la delantera, especialmente en títulos como Breath of the Wild y Minecraft. Este último, en particular, ha sido el favorito del joven, ofreciendo un entorno creativo que estimula su imaginación y habilidades organizativas. La sorpresa llegó cuando la madre, quien inicialmente no compartía el mismo entusiasmo por los videojuegos, decidió participar activamente en esta dinámica familiar. La recomendación de un amigo los llevó a explorar Blue Prince, un juego roguelike para Switch 2 que combina resolución de rompecabezas con una narrativa intrigante. La colaboración entre madre e hijo en este juego ha sido reveladora, permitiéndoles descubrir sus respectivas fortalezas y complementar sus habilidades. Mientras el niño destaca en la resolución rápida de problemas espaciales, su madre aporta una visión global y una conexión con los temas narrativos. Más allá del entretenimiento, Blue Prince ha servido como catalizador para el desarrollo cognitivo del niño. La estructura del juego, que exige pensamiento analítico y narrativo, ha fomentado su capacidad para crear conexiones y superar desafíos. Este interés se ha traducido en la creación de un cuaderno personal donde documenta sus descubrimientos, superando las dificultades iniciales en lectura y escritura. Para esta familia, los videojuegos han trascendido su rol tradicional, convirtiéndose en una herramienta que no solo fortalece el vínculo familiar, sino que también enriquece el aprendizaje y la expresión personal del niño.


