Arte y naturaleza se fusionan en un espacio único
Un vistazo al Espacio Escultórico de la UNAM
Desde el aire, el Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se presenta como un misterio visual que invita a la especulación. Algunos lo comparan con un cráter, otros con un antiguo observatorio, pero en realidad se trata de una innovadora obra de arte público que ha…

Desde el aire, el Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se presenta como un misterio visual que invita a la especulación. Algunos lo comparan con un cráter, otros con un antiguo observatorio, pero en realidad se trata de una innovadora obra de arte público que ha marcado un hito en América Latina. Inaugurado en 1979, este espacio es el resultado de la colaboración entre seis influyentes artistas mexicanos: Helen Escobedo, Hersúa, Sebastián, Federico Silva, Manuel Felguérez y Mathias Goeritz. Juntos, desafiarían las normas del arte público tradicional al centrar su obra no en la escultura misma, sino en el paisaje que la rodea.
A finales de los años setenta, el arte público en México se caracterizaba por esculturas monumentales que celebraban figuras históricas o eventos nacionales. Sin embargo, el grupo de artistas detrás del Espacio Escultórico buscaba romper con esta tendencia. Su propuesta era simple pero revolucionaria: crear una obra donde la escultura no fuera el foco, sino que permitiera al espectador redescubrir el entorno natural. El lugar elegido, el Pedregal de San Ángel, es un testimonio de la fuerza geológica, formado hace miles de años por la erupción del volcán Xitle. Este paisaje de roca volcánica se convirtió en el lienzo perfecto para su visión.
El Espacio Escultórico consiste en un círculo de 120 metros de diámetro, delimitado por 64 prismas de piedra volcánica, con un centro vacío que ofrece una experiencia contemplativa única. Al caminar por el anillo superior, el diseño guía la mirada del visitante desde la estructura hacia el entorno, revelando que el verdadero protagonista es el Pedregal mismo. Este enfoque, que integra arte y naturaleza, desafía al espectador a reconsiderar la esencia del arte público y su interacción con el paisaje, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la relación entre el arte y su contexto natural.


